Savall y la felicidad (Confesionales musicales II)







No soy musicóloga ni erudita en el tema, de melómana no tengo más que la manía de disfrutar de la música, pero no de desmenuzarla ni de interpretarla (metafórica o literalmente). Mis únicos pinitos con eso no pasaron de aporrear una guitarra con más osadía que habilidad a la edad en que una creía que tenía que cantar A galopar y Tu nombre me sabe a yerba.

Por eso el debate de si la música antigua debe interpretarse según la corriente historicista (Interpretación históricamente documentada), que supone usar los instrumentos y técnicas de la época en que fue compuesta, o si los músicos modernos pueden soltarse el pelo y trasplantar esos antiguos sonidos al siglo XXI, más allá de mi gusto personal en cada caso, me supera. Como mucho, me planteo la pregunta de por qué deben ser excluyentes ambas corrientes.

En la música funciono como con el arte y la literatura. El único baremo que sigo, la única regla que aplico, es que me guste lo que veo, lo que escucho y lo que leo. Y en materia de música antigua, diría, como Calixto: Savall soy, en Savall creo y a Savall adoro. Y si Jordi Savall ha abandonado el movimiento historicista, pues resulta que yo también, porque a alguien que tiene el poder de hacerme feliz en tres minutos y medio yo ni le toso.

Savall, musicólogo, director y uno de los pioneros en la interpretación de la viola de gamba y en el estudio y recuperación de la música española de la Edad Media, el Renacimiento y el Barroco, dicen algunos que es un brillante artista desconocido por el público en general debido a la escasez de aficionados al arte de Euterpe (esto que suena a cursilada es más que nada por no repetir la palabra música cinco veces por párrafo, no me tiréis tomates). Consideran que fruslerías como el acceso a la música en formato mp3 (que sí, que pierde calidad, que valeeee, que ya lo sabemossss) revela el inframundo de los aficionados contemporáneos, que sucumben a los sonidos fáciles y desvirtuados.

Pero si el intercambio de música y los formatos digitales de audio comprimidos consiguen la difusión masiva de una obra que no se lograría de ningún otro modo, ¿no compensa, señores melómanos, la (ligera) pérdida que supone su uso? ¿Es purismo exacerbado o miedo a la democratización de la cultura? En cualquier caso, me he ido por las ramas, por los cerros de Úbeda y hasta de los Apeninos a los Andes, porque hoy sólo quería presentaros dos temas de Savall y ver si sois capaces de escucharlos hasta el final sin desear poneros a bailarlos y/o a cantarlos.

En la Wikipedia, en su propia web y en Google en general encontrará, quien esté interesado, todo tipo de información sobre él, pero hacedme caso, escuchad su música. Eso es lo que importa, ser felices, aunque sólo sea durante tres minutos y medio.







Foto: Jordi Savall con su mujer, la soprano Montserrat Figueras, y sus hijos. La familia que musiquea unida, permanece unida.



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