Zoofilia osera




Como todos los asturianos sabréis a estas alturas, Furaco al fin ha demostrado sus habilidades amatorias, tras meses de espera de una cópula nunca tan comentada ni publicada. Cuando el lunes vi la foto de ese momento en primera plana de la prensa regional lo primero que pensé fue que es una lástima que ni echar un polvo puedan con la intimidad que requiere el momento. Ser oso y vivir en terreno acotado es lo que tiene. Una región entera pendiente de si miras a Paca o le posas la zarpa en el hombro a Tola tiene que provocar miedo escénico y más de un gatillazo.

Pero Furaco al final ha cumplido y por dos veces. Lo curioso es que en ambos casos la elegida ha sido Tola, ignoro si es porque era la que pasaba más cerca en el momento en que Furaco se puso interesante o si los osos tienen preferencias. Quizás Tola es de rugido más dulce y lomo más acogedor. El caso es que Paca no se ha comido una rosca y, por lo que sabemos, sigue virgen e intocada.

20 años de abstinencia es mucho tiempo. Me pregunto si Paca observará agazapada tras un árbol cómo se divierte su hermana mientras a ella sólo le queda recoger bellotas. O si, por el contrario, se felicita por que no dependa de ella garantizar la reproducción osera y se evita, así, salir en en los periódicos abierta de cuartos traseros. Que no son formas.

Dicen los expertos que los osos pardos son monógamos, pero que la escasez de machos les ha llevado a variar de hábitos y caer en el impulso copulador de beneficiarse a todo lo que ruge en tono de soprano a contralto. Así que es posible que Paca aún tenga alguna oportunidad y terminemos asistiendo a un feliz trío. Siempre dije que los números impares son los más divertidos.

A los asturianos aún nos quedan capítulos para disfrutar de este romance que puede acabar en culebrón. Y en familia numerosa.

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