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North by Northwest





Roger Thornhill : Soy ejecutivo de publicidad, no un perro vagabundo. Tengo un trabajo, una secretaria, una madre, dos ex esposas y varios barman que dependen de mí.



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Velda Rae

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My fair Lady (Pigmalión)








Profesor Higgins: Tengo un alma propia y una chispa de fuego divino.



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O el abanico de Lady Windermere II









Dumby: ¿Sabes por qué lo llaman altar,  Tuppy? Porque allí es donde se celebran los sacrificios humanos.


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La sombra del cazador






Benjamin Strauss: --¿Y qué piensas hacer?
Simon Hunt: --Lo que cualquier periodista que se precie haría al llegar a un lugar nuevo.
Benjamin Strauss: -- ¿Sí? ¿Y qué es?
Simon Hunt: --Buscar un bar.

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Quiéreme si te atreves





Ser adulto significa tener un velocímetro que marca 210 y no conducir nunca a más de 60.


Julien

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Dentro del laberinto






"He cambiado el orden del tiempo. He vuelto el mundo del revés y todo lo he hecho por ti. Estoy agotado de vivir según lo que tu esperabas de mí".

Jareth, Rey de los Goblins

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El Dilema








"¿Es noticia? Sí. ¿Vamos a emitirla? Claro que no. ¿Por qué, por qué él no está diciendo la verdad?  ¡No! ¡Porque él sí dice la verdad! ¡Por eso no lo vamos a emitir!”.

Lowell Bergman

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Dos en la carretera







Mark Wallace: --¿Qué clase de personas se sientan en un restaurante sin                                         dirigirse la palabra?
Joanna Wallace:  --¿Los matrimonios?





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Los Búfalos de Durham






“Unas veces se gana, otras se pierde, y a veces llueve"

Nuke LaLoosh

Más aquí y aquí 

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El milagroso Harris






Un canal generalista emite en esta noche de Reyes una anodina película de acción y suspense, donde ni siquiera Ed Harris, en uno de esos papeles secundarios de malo que siempre termina gustándote más que el bueno, conseguirá que me deje huella. Pero aquí sigo, viendo la película, sólo porque entre tanto fotograma inútil, de vez en cuando, aparece él. El único actor que tiene la capacidad de mejorar su actuación con cada revisión de un film. Y me refiero al mismo film. Y si no os lo creéis, podéis comprobarlo, por ejemplo, en El Show de Truman, en Las horas o en El tercer milagro. Cada vez que disfrutéis de cualquiera de ellas, Ed Harris estará aún mejor que la última vez que la visteis. Lo juro. Es totalmente cierto.

Su poder de convicción y su habilidad para salvar cualquier papel lo han convertido en eso que los americanos llaman un actor de actores y en un secundario que le roba la película a cualquier protagonista, incluido Sean Connery, que se desvaneció en esa gris adaptación de una novela judicial que es Causa Justa. Con dos escenas que suman escasos diez minutos en los 102 que dura la película, Harris te deja pegado a la butaca y convencido de haber contemplado por primera vez la maldad absoluta. Insana. Sin límites. Y el resto de la cinta ya sólo servirá para contener esos diez minutos.

Algo parecido consigue en Las horas, donde dos únicas escenas, las suyas, son las que quedarán para siempre en la memoria. Y la falsa nariz de Nicole Kidman, gracias a la que ella sí se llevó el Óscar.




Lo mío con Ed Harris no fue un flechazo. Ni mucho menos. Lo conocí en un céntrico cine madrileño en el año 1984 y me cayó fatal. Convirtió su mercenario de Bajo el fuego (foto superior) en un ser tan cínico y repugnante que me costó años –más de una docena-- y muchas películas sacudírmelo de encima. Tuvo que llegar Abyss y el montaje del director (insoportable James Cameron, hasta en eso coincido con Harris, que tras trabajar en esta cinta con el megalómano responsable de El Titanic, sólo habla pestes de él) para redescubrir uno de sus papeles de bueno, el entrañable Virgil Bud Brigman, capaz de resolver cualquier problema a más de 25.000 metros de profundidad, incluida una nimiedad como la muerte.

Sólo por él he soportado películas mediocres como La Roca o Quédate a mi lado, en las que Ed Harris destaca como un diamante en un vertedero. A cambio, colecciono sus mejores personajes como otros, cromos del Real Madrid: Gene Kranz (Apolo XIII), Seth Frank (Poder absoluto), Remy Bressant (Adiós pequeña, adiós), Major König (Enemigo a las puertas),  Jackson Pollock (Pollock), Frank Shore (El tercer milagro),  Christof (El show de Truman), Kyle Bodine (Luna de porcelana),  Dave Moss (Glengarry Glen Ross), Harry Seagraves (Paris Trout), Frankie Flannery (El clan de los irlandeses)…

Ha dirigido dos largometrajes, pero yo me quedo con el Harris actor, el que te mira inclinando la cabeza y puede convertir la sonrisa más franca y sincera en la más fría y sardónica. En un segundo. Sin pestañear. Un prodigio que es capaz de repetir con esa mirada azul que lo mismo parece tierna y cariñosa que distante y acerada. 

Es la verdad de la ficción. El milagro del cine. 



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Las minas del Rey Salomón







"Uno acaba al fin por aceptarlo todo y escoge entre cazar o ser cazado, reproducirse y vivir o morir, eso parece absurdo y sin sentido, pero hace surgir una certeza: uno nace, vive durante un cierto tiempo y luego muere. Eso es todo".

Allan Quatermain

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Parafraseando a Crash Davis








Creo en las almas gemelas, en las caderas de un hombre, en los versos que riman, en un buen vino, que las novelas de Javier Marías son un caso grave de egolatría sobrevalorada. Creo que el chantaje emocional debería penarse con el destierro. Creo en la estupidez humana, en la materia oscura, en los polígonos amorosos, en los besos que se pierden, en los regalos sin envolver. Y creo en el placer largo, intenso, húmedo y devastador que dura toda una noche.


Y para los que no sepan quién es Crash Davis, aquí y aquí más.



Imagen: Tim Robbins en Los Búfalos de Durham observa la materia oscura que puebla el universo.


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Juego de niños (Quiéreme si te atreves)





"Felicidad en estado puro, bruto, natural, volcánico, qué gozada, era lo mejor del mundo. Mejor que la droga, mejor que la heroína, mejor que el costo, coca, crack, chutes, porros, hachís, rayas, petas, hierba, marihuana, cannabis, canutos, anfetas, tripis, ácidos, LSD, éxtasis... Mejor que el sexo, que una felación, que un 69, una orgía, una paja, el sexo tántrico, el kamasutra, las bolas chinas... Mejor que la nocilla y los batidos de plátano. Mejor que la trilogía de George Lucas, que la serie completa de los Teleñecos, que el fin del Milenio. Mejor que los andares de Emma Peel, Marilyn, la Pitufina, Lara Croft, Naomi Campbell y el lunar de Cindy Crawford. Mejor que la cara B de Abbey Road, los solos de Hendrix. Mejor que el pequeño paso de Neil Amstrong sobre la Luna, el Space Mountain, Papa Noel, la fortuna de Bill Gates, los trances del Dalai Lama, las experiencias cercanas a la muerte, la resurrección de Lázaro, todos los chutes de testosterona de Schwarzenegger, el colágeno de los labios de Pamela Anderson, mejor que Woodstock y sus fiestas más orgásmicas. Mejor que los excesos del Marqués de Sade, Rimbaud, Morrison y Castaneda. Mejor que la libertad. Mejor que la vida".

Julien Javier





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Los idus de marzo







"Cada vez que trazo una línea en la arena tengo que desplazarla".

Gobernador Mike Morris

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Una familia con clase



Larita Whittaker Debiste haberme querido más.
John Whittaker No podría quererte más.
Larita Whittaker Entonces, debiste haberme querido mejor.


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La incertidumbre







Cuando vi Los Pájaros (Alfred Hitchcock, 1963) por primera vez, con doce o trece años, odié la película. No sólo porque me aterró, (mucho más que Psicosis, que nunca me dijo nada), sino porque no soportaba que no hubiera una explicación final. Un “así es como pasó….” de Hércules Poirot, donde todo quedase aclarado y desmenuzado. ¿Por qué los pájaros habían decidido de pronto atacar a los humanos? ¿Y por qué dejaban de hacerlo?

Enfadada con Hitchcock y sin saber cómo calmar aquella desazón que se me había quedado dentro, no paré hasta conseguir la obra en que se basaba la película, el libro de cuentos del mismo título de Daphne du Maurier, convencida de que allí encontraría la clave que necesitaba para quedarme tranquila.

Me equivoqué. El relato aclaraba todavía menos que el film. Era más breve, más irracional e igual de frustrante.

He observado en mis hijos, atacados de adolescencia, el mismo deseo por entender los motivos que se ocultan tras decisiones, hechos y opiniones, aunque en menor medida que hace unos años. La edad, ya veo, atempera la necesidad de encontrarle lógica a la vida.

Curiosamente, hoy Los Pájaros es una de mis películas favoritas. Quizás la madurez consista en aceptar que casi nada tiene una explicación. En aprender a vivir con la incertidumbre.

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El novato



“Si quieres una garantía, cómprate un tostador”

Nick Pulovski



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Dentro del laberinto







“Te pido tan poco. Témeme, ámame, haz cuanto digo y seré tu esclavo.”

Jareth, Rey de los Goblins





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