Ventajas de ser gay, según Hollywood



No entiendo, por más que me esfuerzo, ese empeño de Hollywood en rodar remakes de películas que son perfectas tal y como están. Ejemplos hay a montones: Sabrina, Crimen Perfecto, Psicosis, El Planeta de los Simios…



La última que he visto por simple curiosidad, aunque ya preveía el mosaqueo, es The Women, versión fashion victim-descerebrada del film de igual título que realizó George Cukor en 1939. Con la excusa de poner al día el mundo femenino que pretende reflejar, pero de un mundo circunscrito a la alta sociedad neoyorkina, termina siendo otra comedia más, simple, aburrida y predecible, con una Meg Ryan cada día más insoportablemente cargada de tics y el correspondiente peaje a lo políticamente correcto: una ejecutiva soltera (no todo va a ser un marido rico en esta vida), una negra, que además es lesbiana, con lo que matamos dos pájaros de un tiro, y una hispana que, claro, se queda con el papel de ‘la otra’. Que para eso la legítima es rubia y de ojos azules, WASP (White, Anglo-Saxon and Protestant) desde el rizo tan artísticamente descolocado a la punta de los mocasines.


Y es una pena, porque el reparto, sin llegar al plantel de la versión original, no es malo, si exceptuamos a la Ryan, que ya no debe acordarse de cuándo fue la última vez que trabajó en una película decente, si es que alguna vez lo hizo.


Diane English no es Cukor, ni siquiera es Anita Loos, una de las encargadas de adaptar la obra de teatro original. Entre los que participaron en aquel guión, aunque sin acreditar, estaban el mismísimo F. Scott Fitzgerald y Donald Ogden Stewart, autor, entre otras maravillas, de la adaptación al cine de The Philadelphia Story.


Así que las nuevas mujeres son un cruce entre Bridget Jones y la Carrie Bradshaw de Sexo en Nueva York. Qué aburrimiento y qué manera de perder casi dos horas de mi vida, porque encima, es más larga que la agonía del asesino psicópata de Halloween.


Yo no sé por qué no escarmiento.




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