10 de junio de 2009

Amores de papel II



Mi segundo amor literario, tras David, el ‘inglés impasible’, fue una mujer. (¿Qué importa el sexo, si el amor es puro?) Jo, la segunda de las hermanas March, la única que no era una mujercita sumisa (Meg), superficial (Amy) o insoportablemente ñoña (Beth), me arrebató el corazón, a pesar de no saber entonces que el personaje era el trasunto de su autora, Louise May Alcott, de inclinaciones lesbianas, al parecer.


Aunque a lo largo del libro el personaje de Jo se feminiza de un modo tradicional (ahora sé que por las presiones editoriales que recibió la autora) hasta renunciar a su objetivo vital: escribir y ser una solterona, fue Josephine March quien me enseñó que una chica puede ser intrépida, valiente y decidida. Y que es lícito perseguir un sueño que vaya más allá de la felicidad conyugal y de las paredes del hogar.


Porque aunque en mi familia y familias allegadas ésa era la teoría que se predicaba, la práctica era muy distinta. Siendo mi madre y mi madrina ambas ingenieras y sus respectivos maridos, un aspirante a ingeniero técnico que nunca llegó a serlo y el otro, perito titulado, las dos se quedaron en casa cuidando a la prole, sin convalidar sus títulos obtenidos en la extinta URSS, mientras que los hombres fueron los encargados del sostenimiento económico.


Y de las tareas del hogar ya ni hablo, claro.


Así que Jo fue una revelación en mi vida. La imaginaba encerrada en el ático, sola, con su gorro de escribir en la cabeza, cuya posición indicaba al resto de la familia el momento creativo en que se hallaba y si era conveniente interrumpirla o no. Jo se permitía el lujo de ganar dinero con sus escritos y dar calabazas al héroe de la novela, el pobre Laurie, que se tuvo que conformar con la hermana frívola, por más que lo vistiera recordando que Mozart también se casó con la hermana de su gran amor.


Hasta hace poco no descubrí que, a las limitaciones que sufrió la autora, la censura española añadió las suyas. Sólo la reedición por Lumen en el año 2004 de Little Woman nos permitió leer la historia original, tal y como se publicó en 1868.


Quizás como desagravio a los deseos de L.M. Alcott, Isabel Franc escribió Las razones de Jo, donde la joven no se casa ni renuncia a escribir, sino que se independiza y vive en Nueva York, donde se enamora, claro, de una mujer. Y aunque los remakes literarios me gustan tan poco como los cinematográficos y suele enfadarme el uso de personajes ajenos para continuar las historias como a sabe dios quién le apetece, creo que este libro sí lo leeré. La curiosidad de saber qué fue de mi amada puede conmigo.



Más lado oscuro de los Alcott/March, aquí.







En la foto, la mejor Josephine March del cine, Kate Hepburn, para quien cualquiera podría creer que Louise May creó a Jo.




18 comentarios:

E dijo...

Así estoy, como en tu foto de perfil, leyendo esta entrada.....
Da gusto leerte, Velda. Voy a pinchar el enlace :)

Velda Rae dijo...

Mmmmmmmm... Creo que alcanzo a verte, espera, que me pongo las gafas de presbícica. ;-) Sí, justo. ¡Coño! Estás más guapo en esa pose que la Hepburn/Jo, que ya es decir.

Gracias y un besazo.

hécuba dijo...

Coincidimos, Velda, en este amor. No sabes las veces que he soñado con ser Jo.
Una entrada muy interesante que me ha hecho descubrir alguna cosilla que no sabía.
Besos.

silvo dijo...

Si Velda, el nivel familiar, además del personal de ellas se resintió por la sociedad de entonces, en cuanto a ls ilusiones nunca debemos poenerles cortapisas ya que son arte de la alegría cotidiana además de una válvula de escape, un besote Velda

beatrix dijo...

Pues yo no necesité a Jo para querer ser la tia solterona, cosa, que como sabes, he conseguido. Lo que más envidiaba yo a Jo era las tardes que se pasaba leyendo subida a un árbol leyendo sin que nadie la molestará.
Kate es la mejor Jo que nunca habrá. Una de las cosas que más me fastidian de las pelis es que la retratan como una llorona, ¿tu te has fijado lo mucho que llora? claro, siempre escogen para contar los episodios dramáticos y obvian todas las travesuras, parece que lo único que importa es lo buenas que eran y de quien se enamoraban.
Y hablando de amores, me costó muchos años perdonar a Jo por no aceptar a Laurie. Aún hoy me pasa que cuando oigo decir "Te necesito" pienso automáticamente en Laurie oyendo a las March tras la escena del rechazo, casi me sé el dialogo de memoria.
Y sin embargo, cada vez estoy más convencida de que Laurie es un personaje interesante solo en su juventud. Lo que la autora nos deja vislumbrar en los siguientes libros me hace pensar que me acomodó a una buena vida, se hizo conservador, iba al club y esas cosas. Asi que en realidad fue bueno para ambos, Amy disfrutaría en un ambiente así mientras que Jo no conseguiría encajar nunca.
No se si es que me estoy haciendo vieja, pero me descubro teniendo pensamientos de "adulta" sobre mis personajes de ficción favoritos diferentes a aquellos que siempre tuve.
Y lo que es un auténtico milagro, he escrito esto todo seguido sin trabarme ni una vez, verás que Internet me va a servir de verdad como ejercicio cognitivo, ¡conseguiré retrasar el Alzehimer un par de días!
Tu sister, cada día más loca

Fernando del Busto dijo...

Muy interesante toda esa historia subterránea. Pero una duda, ¿si fuese Belén Esteban te hubieses enamorado igual de ella? Porque, claro, yo salgo del armario con Brad Pitt, pero no con el feo de los hermanos Calatrava ;)

Alicia dijo...

Una pregunta para lectoras de "Mujercitas": ¿alguna se enamoró -o se sintió identificada- con otra que no fuera Jo? Creo que funcionó tan bien el trasunto de la autora, que convirtió a las demás en unas impresentables.
Y la 'feminización' de la criatura significó para mí primero una decepción, y después, la 'prueba viviente' de lo contrario, de que era posible aspirar a todo (trabajo, hijos, escribir, 'amor'...) Ya podían habérmelo advertido, que quizás se puede, pero cansadito sí es. Por no hablar de otras falacias.

Besos,
Alicia

Edmond dijo...

¡Vaya! Nunca he leído Mujercitas, y esta entrada me sirve para constatar una falta alarmante de personajes inspiradores en mi vida. A lo mejor para un momento dado sí, pero no para más allá del día siguiente. Como esa clase de personajes no se buscan, sino que aparecen, tendré que esperar pacientemente a que le dé por llegar.

Tordon dijo...

"Intrépida", "valiente" y "decidida": Sí, creo que te influyó.

Bss

marcelino dijo...

La lectura de Mujercitas nunca pasó por mi pensamiento.Leyendo tu magnífico post me entero de la cuestión: la lucha de la mujer por su liberación ¡qué dificil debe ser! De alguna manera consuela ver conductas de mujeres que luchan contra los corsés sociales tan dificiles de superar. Salu2.

Velda Rae dijo...

Hécuba, yo creo que todas deseamos ser Jo, lo que está muy bien, como dice Alicia un poco más abajo, de algún modo Alcott consiguió su objetivo, al menos en este siglo (más bien el pasado), quizás no en el suyo, porque no conozco a nadie que después de leer Mujercitas deseara ser Meg o Amy.



Silvo, sobre lo de no ponerle cortapisas a las ilusiones, psé, no estoy muy segura, quizás habría que dosificarlas, un poco está bien, dan ánimo y esperanza, pero si sólo sirven para frustrarte…



Pues, querida sister, ya sabes cómo son estas películas, cuánto más lacrimógenas y con moralina, mejor. Y Laurie, pues nunca había pensado cómo sería de mayor, la verdad. Siempre me pareció un buen tipo, blando y fácil de contentar, pero buen tipo. Así que supongo que sí, su vida no tendría grandes altibajos ni mayores problemas perteneciendo a una familia adinerada.

Confieso que el poder de la publicidad ha podido con mis recuerdos. Para mí, ése “te necesito” con que su madre llamaba a Jo mientras Laurie pensaba que él también la necesita, me recuerda ahora al anuncio de un peluquero, ya sabes: mi tocaya diciendo: “Rupert, te necesito”. Qué le vamos a hacer, no somos nadie. xD



¡Fernando, ni loca! Pero quiero creer que más por su aspecto físico, sería por su ‘aspecto’ mental. Cada vez que abre la boca pienso en la eugenesia. Es bromaaaaaaa. Bueno, un poco sólo. ;-)



Alicia, cansado, pufff, y tanto. Ahí andamos, empeñadas en llegar a todo. Y no, a tu pregunta, no conozco a nadie que quisiera ser cualquiera de las otras hermanas Marcha. Lo cual me congratula.



Edmond, hay algunas lecturas muy dirigidas a un sexo o a otro, y en el caso de Mujercitas, no sé de ningún hombre (jovencito, que la edad para leerlo es la adolescencia) que lo haya hecho. La película, alguno la ha visto por aquello de estar en casa esa tarde de sábado sin nada mejor que hacer, pero el libro, no.

Suerte con tus personajes inspiradores. :-)



Tordon, eso me gustaría creer. Pero podía haberme inspirado también su buena mano con los editores, ¿eh?




Marcelino, tiene que ser tan duro luchar contra una sociedad entera: gobernantes, políticos, jueces, todos los estamentos, todas las profesiones, la mitad de la población, la masculina, y buena parte de la otra mitad, la femenina, porque no pocas mujeres estaban conformes con su situación social. Me admiran de verdad esas mujeres que empeñaron su esfuerzo porque las cosas cambiaran.

Espera a la primavera, B... dijo...

Me crié en una casa en la que se reunían con asiduidad mi madre, mis tres tías y mi hermana. Mi padre se las ingenió para no estar nunca en casa dejándome solo ante cinco mujeres.
Creo que mis dotes para el escapismo se fraguaron en aquella época de mi vida y, si he de ser sincero, creo que pude escapar físicamente pero nunca dejé de oír lo que se decía en aquellas reuniones. Al poco tiempo mi hermana también se desentendió, supongo que porque escuchar a mi madre y mis tías era incompatible con la idea de tener novio.
Quiero creer que salí indemne de todo aquello pero confieso que a veces tengo ciertas dudas.

Sin embargo salí con cierta fobia a las cosas "de niñas" y bastante desconcertado acerca de lo que se esperaba de un hombre. Yo había oído cosas y luego, por mi condición de hombre, veía que, culturalmente se me pedían otras.

Creo que me lío. En fin, ví la película (Katherin Hepburn) hace muchos años (cuando estaba la primera cadena y la UHF) y recuerdo la escena de la nieve y aquella voz que doblaba también a Juddy Garland en el Mago de Oz. Qué voz más entrañable.

No he leído la novela. Para no tener intención de escribir en este post me he explayado un rato ¿no?

Besos

Velda Rae dijo...

Espera a la primavera,B, soy mujer, pero imagino esa época de tu vida y sospecho que hasta yo practicaría el escapismo, por pura suprvivencia. No me extraña que te quedara esa fobia por las cosas 'de niñas', sobre todo porque muchas de ellas eran insoportables hasta para las que éramos niñas, cuanto más para los niños. Espero de todo corazón que no te hayan quedado secuelas, aunque este comentario tiene un punto de desahogo que no sé yo... xDDD

Bsos

H2O dijo...

"Ya es bastante malo ser chica, gustándome tanto los juegos, las maneras y los trabajos de los muchachos"....
Eso me pasaba a mi, y si no que se lo pregunten a los madelman de mis primos ..
Siempre me gustó Mujercitas, y si Jo sobre todo .. :)

Velda Rae dijo...

¿Le escamoteabas los madelmans a tus primos para jugar con ellos y les dejabas la Nancy (o la Barbie, depende de la época) en su lugar? xD

H2O dijo...

No no, yo jugaba con sus madelmans, mi Nancy guardadita..
Es eso de "lo mío pa mi lo tuyo también jajaja" ;)

Velda Rae dijo...

H20, qué espabilada me saliste. Ya ves, con lo que a mí me gusta compartir las cosas buenas de la vida. ;-)

H2O dijo...

Era un decir Velda, algunas doy fe de que es un placer compartirlas ;)