Al corro de la patata



"Los juegos tradicionales son universales: el cascayo, la comba y el de las gomas. Así lo comprobaron el viernes, en la plaza de la Catedral, medio centenar de alumnos de los institutos de La Corredoria y de Ventanielles. De paso, aprendieron también inglés. Y es que los alumnos repiten rimas tradicionales inglesas mientras los practican.


Alice Persson es una niña sueca de un pueblo de pescadores, Kungshamn, que ayer descubrió, junto a otros tres compañeros nórdicos, que los juegos que practican los niños de Oviedo son los mismos que de los de su Suecia natal. «Me encantó descubrir que todos los niños jugamos a los mismo».


Miguel Alonso y su hermano Alberto, alumnos de la ESO, estaban muy contentos de participar en esta experiencia. «No sólo nos divertimos, sino que también conocemos a niños de otros centros, lo que siempre es interesante», comentaron entre juego y juego.


La artífice de esta iniciativa es la coordinadora de la sección bilingüe del Instituto de La Corredoria, Belén Nicolás. «Los alumnos, repitiendo estructuras gramaticales, en este caso rimas, aprenden mejor el vocabulario sin darse cuenta y sin esfuerzo», resumió".






Gracias a Ángel Fidalgo, amigo y periodista de La Nueva España, por el texto que reproduzco más arriba, publicado ayer en el diario asturiano, y por citar a Zipi y Zape en tan breve espacio. Ventajas del tráfico de influencias entre colegas.


La verdad es que quedé tan agotada después de más de dos horas de pie al sol, viendo a mis retoños saltar a la soga (nunca llamé comba a ese juego) y jugar al cascayo (rayuela para los no asturianos) y al corro que ni ganas de contar las mil veces que escuché las canciones inglesas –por cierto qué sosas — con las que acompañaban sus retozos:


“I like the coffe,

I like the tea,

I like ........

to jump with me”.


La variedad musical que nosotros disfrutamos en nuestros juegos infantiles abarcaban desde los romances viejos:


“Un sevillano en Sevilla

la desgracia le dio Dios

una madre y siete hijos

y ninguno fue varón…”


hasta las peteneras:


“He nacido en la Habana

debajo de una palmera,

los moros me cautivaron,

me pusieron petenera…”


pasando por truculencias fantasmales:


“Al entrar en el Hospital Socorro,

al subir las escaleras,

hay un letrero que dice:

Aquí se cura y se opera.

Cuando a mi me operaron,

yo tenía mucho miedo

y a los tres días siguientes

caminé al cementerio…”


oráculos diversos:


“Quisiera saber quién es mi novio,
Pepe, Luis, Jose o Antonio.

Quisiera saber mi vocación
soltera, casada, viuda o monja…”


publicidad subliminal:


“He puesto una librería

con los libros muy baratos,

con un letrero que dice:
Aquí se vende barato…”


y hasta glosas del maltratos:


“Con la paleta su madre daba,

con la paleta la amenazaba,

con la paleta su madre dio

un paletazo que la mató…”


Qué lástima que se pierda esa tradición oral, porque Zipi y Zape, a pesar de haberse pasado los cuatro primeros años de vida escuchándome cantar hasta las páginas amarillas, sólo recuerdan al pobre Conde Olinos convertido en espino albar y los pantalones de La Tarara, que de arriba abajo, todo son botones.





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