Me llamo Velda y soy 'blogueronanista'


Soy periodista y más que disfrutar de una afición sufro un vicio bicéfalo: la comunicación informativa. Internet me deslumbra por la ingente cantidad de datos que pone a mi alcance, con una rapidez y comodidad jamás imaginadas. Mi trabajo nunca fue más fácil, ni más complicado, a causa de esa orgía de información, la mitad de la cual está sujeta a dudas constantes sobre su fiabilidad (y quizás sea tacaña en el cálculo ¿no?).


Baste un ejemplo. El escritor León Arsenal, durante su participación en la Semana Negra de Gijón-2007, se quejaba de la falta de rigor de los periodistas, ya que en la entrevista concedida a un diario regional se revelaba el supuesto nombre real que se esconde tras su seudónimo. Pero el dato era erróneo y el nombre publicado tiene de real lo que yo de Mónica Belluci.


--“Ese periodista simplemente abrió Google y copió lo primero que se encontró. Ni lo contrastó ni se le ocurrió preguntármelo a mí”


(Transcribo de memoria su comentario, espero que con mayor rigor que el demostrado por mi colega).


Pero Internet también es comunicación y a mí me sedujo como un medio para compartir ideas y conocer personas que de otro modo nunca se cruzarían en mi camino. La blogosfera, en la que soy una neófita, ha sintetizado ambos elementos, volviéndome adicta sin remedio. Cada blog con que te topas te lleva a otro, y éste, a su vez, a uno nuevo, y así hasta el infinito y más allá.


Y en el 99% de los que he visitado (que han sido muchos, pero una insignificancia al lado de los que existen) he descubierto lo mismo que descubrí primero en mí, que en el fondo, lo sé, lo sabemos todos los que nos dedicamos a esto, lo que de verdad nos impulsa es el puro narcisismo y la pulsión exhibicionista.


Inicié este blog con la justificación de que con él les dejo a mis hijos una imagen de su madre por la que ahora no sienten ningún interés y que quizás no pueda darles cuando lo sientan. Pero si sólo fueran éstas mis razones, este blog no sería público, obviamente.


Hay que tener mucho ego para creer que las (más o menos) chorradas que a uno se le ocurren puedan tener atractivo para alguien ajeno a nosotros. Y sin embargo, lo tienen, en mayor o menor medida, como a mí me atraen las personas y las vidas que se vislumbran en algunos por los que navego.


Y todo esto viene a cuento de que al fin he asumido, no sin cierto bochorno, mi condición de blogeronanista. Y he aceptado que ni siquiera soy original en mis placeres solitarios, ya que, tras googlear un rato esta tarde, he descubierto que lo que ayer me pareció una feliz idea circula ya por la red con el término de onanismo bitacoril.


No sé si organizar una inmensa paja ciberespacial al grito de ¡Onanistas de la blogosfera, masturbaos! o registrar esta nueva perversión en el Diccionario Médico de Parafilias y otras Aberraciones Sexuales.


¿Hay mejor símbolo del blogonanismo u onanismo bitacoril que la Torre Agbar, de Jean Nouvel, ese gran consolador erecto sobre Barcelona?




Foto: Marcelo Aurelio



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