"El cliente siempre pierde la razón"


A mí Susana Griso me caía bien. Ahora no es que me caiga mal, es que estoy de ella hasta las mismas gónadas.


Y todo por culpa de un anuncio de yogur líquido que me persigue por todos los canales de televisión, no importa si son generalistas o de pago, si veo una telecomedia, una película o a la subjefa Johnson. Y el anuncio es laaaargoooo como el debate sobre el estado de la nación o una eternidad sin sexo ni chocolate.


Dada la anoréxica línea que separa la eficacia publicitaria del hartazgo, no entiendo por qué, quién quiera que haya diseñado la campaña de medios de este producto, no ha hilado más fino. No me refiero a la saturación de los bloques comerciales que entreveran los programas televisivos, esos intermedios de más de diez minutos (y de más de quince) con que se llega a duplicar la duración de algunas películas, sino a la repetición del mismo anuncio, una y otra vez, en todos los canales y en todas las franjas horarias. Son capaces, ni sé cómo lo hacen, de seguir tu huida desesperada a través del zapping y cuando te crees a salvo, ¡zas!, ahí está otra vez Susana hablando de las defensas del cuerpo humano.


Dicen los expertos en la cosa de convencer para vender que ya en los albores de la publicidad, allá por el siglo XIX, el magnate John Wanamaker tenía muy claro este peligro: "La mitad del dinero que invierto en publicidad se desperdicia. El problema es que no sé cuál de las dos mitades es".




No pretendo dar con la solución a algo que ni los propios entendidos saben remediar, pero agradecería cierta compasión para conmigo, aunque sólo fuera por el interés de su propia cuenta de resultados, ya que formo parte de su target (potencial grupo de consumidores de un producto) y como con el resto obtengan los mismos resultados que conmigo, no vuelven a vender un yogur en lo que queda de centuria. Y si me apuras, de milenio.



Apelo al sentido común, no a profundos análisis de la sociedad de masas ni a encontrar el nivel óptimo del gasto publicitario, más allá del cual se está malgastando el dinero. ¡Coño, soy simple!, como diría Libertad. ¿Tan difícil es advertir que hay un punto de no retorno en la publicidad a partir del cual el mensaje no sólo no llega, sino que empacha? Basta con poner la televisión una tarde/noche y contar las veces que se pasa el mismo anuncio. En el tiempo de escribir esto llevo vista cinco veces a Susana Griso en cuatro canales diferentes.


¡¡Socorro!! ¿Será una fatwa? ¿Me habrán echado mal de ojo? ¡Por dios, que alguien me salve de Susana!



PS. El título de esta entrada es una cita procedente del blog Palabras Textuales.




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