Caprichos y extravagancias



--Partir la sandía en dos mitades y comerla con cuchara de café, vaciándola poco a poco. (No dejo ni las pepitas) 


--Comprar libros sólo por su título. (Suele ser mejor método que la lista de los diez más vendidos y más divertido)

--Escuchar una y otra vez la canción que me apasiona en ese momento hasta que no puedo soportarla. (A veces también hago lo mismo con mis novios)


--Reunir diferentes traducciones y ediciones del mismo libro hasta que encuentro la que más me gusta. Tres libros se llevan la palma en esta manía: El Cyrano de Rostand, La Importancia de llamarse Ernesto, de Wilde, y Orgullo y Prejuicio, de Jane Austen. (¿Deconfianza natural hacia algunas editoriales?)

--Crear una cuenta de correo electrónico para cada personalidad real, virtual, profesional, web en la que me registro, red social en la que entro… Tengo tantas que necesito una chuleta para recordar los nombres y las claves. (¿Será esquizofrenia, doctor?)


--Dormir con la radio o con la Tv encendidas. (Hidrocantábrico me adora)

--Comprar botas de todos los tipos y tamaños, pero siempre de no menos de diez cm. de tacón. (Imelda Marcos a mi lado era una simple aficionada)

-Desayunar té con limón y muesli. (Esto, según un amigo pijo, es un atentado contra la etiqueta nutricional)




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