Juicio y sentimiento



Hace unos días compartí cena con un grupo de personas entre las que se encontraba un editor que, a la pregunta de qué tipo de obras recibía de los autores noveles ávidos por publicar, respondió: Los hombres envían literatura, las mujeres, sentimientos.

Vaya por delante que, como dicta una conocida máxima de mi profesión, los hechos son sagrados y las interpretaciones, libres, y admito la posibilidad de haber malinterpretado su contestación. Pero de sus palabras posteriores se deducía que los textos remitidos por los postulantes a escritores de sexo masculino pecaban de una cierta grandilocuencia con aspiraciones a convertir cada frase en una cita lapidaria cargada de estilismo y resonancias, mientras que en los textos firmados por mujeres destacaban las relaciones personales, la devastación del amor (ya fuera el dichoso o el desgraciado) y las hilaturas sentimentales.

Voy a pasar rauda por lo obvio, precisamente por eso, por obvio, porque bien pensaba que la literatura se basaba en emociones: El Quijote, Ana Karénina, Muerte en Venecia, La Regenta, Cien años de soledad, Crimen y Castigo, El extranjero, La náusea, El corazón de las tinieblas, El gran Gatsby, El lobo estepario, Lolita, Desayuno en Tiffany's, San Manuel bueno y mártir, El Conde de Montecristo, Rayuela… Creo que son los suficientes y dispares ejemplos como para demostrarlo y, casualmente, ninguno de esos títulos ha sido escrito por una mujer. Y no he mencionado ni a un solo poeta, que va a ser que ahora la poesía no habla de sentimientos.

Pareciera que sólo las mujeres se dedicaran a la introspección y a los sentimientos, pero los hombres también lo hacen, y la prueba es el libro más vendido en este país desde que se publicara hace unos meses: Los enamoramientos. Como dice la prensa: “Javier Marías: un recorrido por las profundidades del amor y los sentimientos. El escritor y académico español vuelve a publicar (…) un largo relato con el amor y los sentimientos en primera línea, narrado por una mujer”.

Pero cuando un hombre escribe de emociones es literatura, cuando lo hace una mujer, es sentimentalismo de saldo.

Y alguien podría decir que la diferencia no está en el sentimiento sino en la calidad del escrito, y no tendría más remedio que darle la razón. Pero demasiadas veces la calidad la dictan únicamente las listas de los más vendidos. Porque yo, lo confieso, sean sentimentales o literarias, no puedo con las obras de JM ni con la de algunas autoras consagradas gracias al llanto desenfrenado.


Apostilla (semanas después de lo anterior)

Jonathan Franzen asegura en una entrevista en Qué Leer sobre el doble rasero con que el mundo literario mide a autores y autoras:

“Cuando un hombre escribe adecuadamente sobre temas familiares, su libro es recibido de forma seria porque ‘Guau, un hombre ha prestado atención a la textura emocional de la vida diaria’ mientras que una mujer que lo haga podrá ser catalogada de ‘chick-lit’. Hay un desequilibrio de género que viene de lejos en lo que al canon respecta, sea cuál sea ese canon”.


Imagen: Una mujer escritora en un fresco de Nápoles.


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