Fin o no fin, datis de kuestion



Estos días he leído un libro (para ser sincera tendría que decir: este día, porque me lo zampé en menos de 24 horas) curioso e, inesperadamente, generador de encendidas polémicas, no sólo entre mis amistades, sino también en el mundillo literario, por lo que he curioseado en Internet.


De Fin, de David Monteagudo, se habla tanto por su contenido, lo que es lógico, como por su autor, un desconocido (hasta ahora) empleado de una fábrica de cajas y cartones de Vilafranca del Penedés, que a los 40 años decidió ponerse a escribir y que no ha parado desde entonces. Como en los cuentos de hadas, con su libro bajo el brazo topó con un hado padrino en forma de autor consagrado, quien le puso en contacto con un editor y de ahí, a la fama y a vender como churros.


El libro, lógicamente, va en gustos, pero toda la gente que conozco lo devoró compulsivamente hasta llegar al Fin. Un fin donde surge la polémica y que, obviamente no voy a reventar por si alguien se anima a leerlo.


Ha sido comparado con La piel fría de Albert Sánchez Piñol o La carretera de Cormac McCarthy, por su relato apocalíptico y desasosegante, que lo es, pero en un paisaje castellano, próximo y familiar. No deja de tener gracia observar como ese grupo de antiguos amigos, cuarentones y desengañados todos, se despellejan entre alusiones a Verano Azul, por ejemplo.


No es que sea el descubrimiento del año, pero está lo bastante bien escrito como para que los fallos no te dejen mella, y el motor que te impulsa, descubrir el motivo que lo explique todo, te lleva página tras página, con obscenidad de voyeur ante tanto fracaso personal, con tal de llegar al Fin. Y aquí me callo, porque si hablo del Fin, me voy a mosquear y a revelar demasiado.


Sólo decir que si algo bueno tiene es que anima cualquier reunión de amigos con discusiones sobre los porqués y los cómos con más pasión que los resultados de la liga de fútbol. Y eso es ya es de agradecer. Desde aquellas primeras novelas de mi adolescencia donde el sexo despuntaba, ningún otro libro ha pasado de mano en mano entre mis amigos con más avidez que éste.



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