Sea cual sea el reloj que marque vuestras doce horas, que lo haga con suerte y felicidad. Y que el 2009 no sea tan fiero como lo pintan, por la cuenta que nos tiene.
Creo en las almas gemelas, en las caderas de un hombre, en los versos que riman, en un buen vino, que las novelas de Javier Marías son un caso grave de egolatría sobrevalorada. Creo que el chantaje emocional debería penarse con el destierro. Creo en la estupidez humana, en la materia oscura, en los polígonos amorosos, en los besos que se pierden, en los regalos sin envolver. Y creo en el placer largo, intenso, húmedo y devastador que dura toda una noche.