Cocina de autor







Te comería entera.
No quisiste creerme, aunque lo dijera cada vez que mi boca te bebía desde el cruce de tus piernas.
Velo de empeines, bocas en racimo, vientre confitado.
Me creías poeta. Tú imaginabas metáforas, yo, pechos en salmuera.
Léeme tus versos, pediste un día. Y el mordisco se ajustó, preciso, a tus pezones.
Teresa deconstruida, titulé el poema.
Corazón de frutos rojos, lecho de nalgas, muslos en carpaccio.
La rima fue torpe, lo sé, pero a cambio, aún llenas mi despensa.


De Pervertidos (Traspiés, 2012)



Foto: postre de frutos rojos con sorbete y sopa de lichis del Restaurant Compartir.




Tres meses y descontando...






Quedan tres meses y no sé cuántas horas (sigo sin descubrir el segundo exacto en que se producirá el acontecimiento) para que se termine el mundo. De mis propósitos vitales, como adelantaba hace más de tres años, cuando conocí la fecha del cataclismo que nos habría de llevar a todos, de golpe y porrazo, al Más Allá, sigo sin saber nada. Debe ser que mis objetivos en la vida son como el pago de ese libro que escribí en el 2003 para que firmara sabe dios quién: un contrato incumplido.

No he conocido a Ed Harris, ni bíblicamente ni de ninguna otra manera. Tampoco a Jeff Goldblum ni a Kevin Spacey (y mira que a éste lo tuve a 31 kilómetros, mecagoentó). No he escrito la gran novela del siglo XX ni la del XXI, aunque, por lo que leo en los suplementos culturales y de los otros, podría haberlo hecho porque tantas se han calificado así que la mía podría estar entre ellas y no me habría enterado.

Sigo sin hacerme un lifting, y eso que ahora sería más necesario que entonces, porque la ley de la gravedad, más que el plegamiento de las placas tectónicas epiteliales, empieza a ser no sólo evidente sino ostentóreo, que diría Gil y Gil. Tampoco he crecido 20 centímetros (por más que me he colgado de las puertas), ni adelgazado diez kilos, ni me he vuelto rubia (qué alivio).  

A cambio de todo lo que no he hecho, sí he visto crecer a Zipi y Zape, y eso vale por todo los mitos cinéfilos del mundo, por todos los cheques cobrados y sin cobrar, y por todas las novelas publicadas desde que se inventó la imprenta.  Y lo que es mejor, pienso seguir haciéndolo el 22 de diciembre, y el 23, y el 24… Y hasta que tío Alzheimer me deje.

Que le den al fin del mundo (de mi parte).





Las minas del Rey Salomón







"Uno acaba al fin por aceptarlo todo y escoge entre cazar o ser cazado, reproducirse y vivir o morir, eso parece absurdo y sin sentido, pero hace surgir una certeza: uno nace, vive durante un cierto tiempo y luego muere. Eso es todo".

Allan Quatermain

La tormenta somos nosotros






Tras el paréntesis veraniego y con el otoño (¡por fin!) a las puertas, vuelve la tormenta, ésa que, según el gran Bradbury, somos nosotros. La Tormenta en un Vaso regresa con nuevo diseño y nuevos colaboradores, pero con el mismo deseo de compartir buenos libros y hasta algún descubrimiento lector, que siempre los hay.

Y vuelve con biografía incorporada, lo que me ha hecho darme cuenta de lo difícil que es resumir en diez o veinte líneas el tiempo que llevas dedicado a esto de vivir.

¿Cuento las veces que pasé por un quirófano o el corte del bisturí deja un rastro de escasa trascendencia? ¿Descuento los metros de mi mundo que se han llevado otros de mudanza?

¿Enumero mi pasión por la sandía, los gatos y los thrillers políticos? ¿Confieso mi negritud redactora de todo aquello que escribo para que otros lo firmen o lo proclamen? ¿Admito que odio las tareas domésticas y que seguramente los ácaros fletan vuelos chárter a mi hogar como la tercera edad migra al sur en invierno?

¿Me pongo interesante? ¿Reflexiva? ¿Esotérica? ¿¡Escatológica!?

¿Hablo de Zipi y Zape, al fin y al cabo, la única obra que me ha salido bien, incluso a pesar de mí misma y de él? ¿Desvelo a esa otra que va a mi lado sin yo verla, sobrada del tesón que no me alcanza  y capaz del impulso que no encuentro?

Podría ser algo breve que no aburra y rotundo para que asombre: 50 años bien llevados. Dos hijos, un gato y una casa sin barrer.
Filosóficamente trágico: Un diseño vital desbaratado.
Chusco y con apropiación de cita clásica: A todas horas verde, a última, ajada.

A quien le interese saber cómo resolví tanta indecisión, aquí puede leer el resultado.


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